El autobús tardaba en llegar. Empezaba a caer la tarde y hacía más de 15 minutos que aguardaba en la parada. Había tenido que dejar su vehículo en el taller y la exasperaba no disponer de otro medio para llegar a la ciudad. No había querido molestar a Alvaro para que pasara a buscarla.

Margot compartía espera con algunos operarios de talleres circundantes que la miraban con descaro e intercambiaban guiños y risas cómplices.

Una vez arriba, se dirigió a la parte trasera y ocupó uno de los asientos desde cuya ventanilla se dedicó a observar los lugares que iban atravesando. En el cristal vio el reflejo de un hombre joven que vestía mono de trabajo. Iba de pie con los fuertes brazos apoyados en el asiento y margot sentía la mirada clavada en su nuca. Volvió la cabeza y vio a un chico rubio que le sonreía con una dentadura blanca casi perfecta.

Incómoda abandonó el asiento y se dirigió al final del autobús para enceder clandestinamente un cigarrillo. Una mano grande, curtida en trabajos rudos le ofreció fuego; levantando la vista encontró los ojos del rubio descarado. Margot le tendió la cajetilla y fumaron en silencio.

El chico estirando su brazo por encima del hombro de Margot se apoyaba en la pared del autobús. A un frenazo imprevisto su cuerpo la empujó contra la ventanilla y la mantuvo aprisionada hasta que recuperaron el equilibrio. Sintió los pechos aplastados contra aquel uniforme de trabajo y aunque instintivamente deseó que este gesto se repitiera, intentó regresar a su asiento agachándose para pasar por debajo del brazo del chico.

Con una risotada él la retuvo por la cintura y la volvió a apoyar contra el cristal de la ventanilla. Margot se sintió alterada y atraída a un tiempo. La excitaba aquél contacto. Le miró a la cara y vio que tenía los ojos clavados en su escote, sin preocuparse lo más mínimo de sus leves protestas para volver a su asiento. En la parte delantera del autobús un grupo de tres trabajadores observaban divertidos la escena.

El rubio le tomó una mano y la obligó a tocarle por encima del pantalón, haciéndola notar que su miembro estaba totalmente erecto, duro, luchando por liberarse de aquella gruesa tela. Margot tuvo un primer gesto de retirarla, pero aquella polla enorme la invitaba a acariciarla y empezó a tocarla, a recorrerla a frotarlo entre las ingles. El chico actuaba deprisa, había introducido su mano debajo de la camiseta de margot y le manoseaba los pechos. Con un hábil movimiento, desabrochó el sostén en la espalda y quedaron libres con los duros pezones color miel brincando bajo sus palmas. Mantenían difícilmente el equilibrio y en cada curva o frenado sus cuerpos se restregaban para volver a separarse. Los dedos del chico se introdujeron bajo sus bragas y recorrieron sus nalgas y su sexo, metiéndolos en la vagina para inmediatamente con un gesto obsceno llevarlos a su nariz y olerlos y a su boca para chupar mirándola descarado, aquel líquido del que Margot empezaba a estar impregnada.

Bajándose el peto del mono de trabajo que vestía, dejó asomar una polla enorme que se dedicó a frotar arriba y abajo en su mano grande. Sin dejar de agitársela con rápidos movimientos delante de los ojos de Margot, que no podía apartar su vista de aquel miembro cuya cabeza húmeda y brillante apuntaba al cielo, le susurró: "chúpala putita, es tuya, chúpala".

Margot sintió un sabor agridulce mientras arrebatándosela de las manos chupó agachada, como si de un rico helado de vainilla se tratara, aquella polla grande que le llenaba la boca. Así en esa postura, en cuclillas, sin dejar de succionar golosamente, se masturbó frotándose el clítoris por debajo de sus braguitas y gimió mientras sin dejar de succionar, un primer orgasmo le recorría todo su cuerpo en oleadas.

En la última fila de asientos, el chico apoyó a Margot y le sacó las braguitas. Le abrió al máximo las piernas y separándole los labios le introducía los dedos jugando dentro de su coño. A horcajadas sobre ella, le colocó la polla entre los pechos y se masturbó frotándola, apretándolos con sus dos manos para oprimirla entre ellos, Margot sentía el miembro subir mojado hasta su cuello y deseaba con todo su cuerpo que aquel chico la follara, lo introdujera dentro de ella, la hiciera estallar de placer otra vez.

El rubio introdujo su dedo índice en la boca de Margot y cuando lo tuvo lleno de la saliva de ella, lo llevó hasta el orificio de su culito que comenzó a acariciar en circulos, relajándolo, penetrándolo poquito a poco, abriéndose camino hasta que tuvo el dedo dentro. Jugó durante un rato introduciendo sus dedos en el culo y en la vagina de margot, haciéndola arquearse, gritar, pedirle que la penetrara. Cuando notó que estaba dispuesta para recibirlo, llevó su polla hasta el orificio trasero y lentamente, con suavidad la fue introduciendo moviéndose despacio dentro de aquel acogedor y apretado lugar. Margot gemía y acariciaba su coño, mientras sentía como la polla del rubio se movía muy apretada dentro de ella. Así, penetrada por detrás, tocándose alcanzó un orgasmo largo y profundo. Podía cortarse el silencio de los hombres de la parte delantera del autobús y escucharse sus respiraciones agitadas.

El chico se acomodó en el asiento junto a la ventanilla, poniendo a Margot encima de él, de frente, con las piernas abiertas apoyando los pies en el scay y la espalda contra el respaldo del asiento delantero. Así podía introducirle su polla profundamente, chuparle la lengua, tocarle los pechos, manosearle el sexo, besarla. Metió sus manos bajo el trasero de Margot y agarrado a él comenzó a follarla sin descanso, atrayéndola hacía si y volviéndola a apoyar contra el asiento, una y otra vez. Margot deseó que aquella polla no dejara nunca de atravesarle las entrañas.

Cuando se hubo cansado de esta postura, la tumbó boca arriba ocupando los dos asientos, y de pié en el pasillo colocó las piernas de ella sobre sus hombros, sujetándola por la cintura para seguir embistiéndola. Margot ya no reprimía sus gemidos y había dejado de importarle que hacían en la parte delantera. Sintió como le venía otro orgasmo, que la recorría en sacudidas desde la vagina hasta la raíz del pelo, mientras él le seguía hablando: "putita, córrete putita, córrete otra vez". Y se sintió inundada por el semen caliente del chico, mientras se agitaban en espasmos.

Se recompusieron sin abandonar el asiento y sin apenas tiempo para despedirse, el chico saltó del autobús en la siguiente parada. Margot estaba exhausta, plena y sentía como su coño era un puro latido. Un hombre de la parte delantera avanzaba hacia ella sonriéndole y margot incorporándose le dejó libre el asiento contiguo. Al poner bien sus braguitas su mano salió llena de un excitante líquido transparente que enseñó al hombre con una risa invitadora y una mirada velada. Recordaba los susurros del rubio: "putita, chúpala, córrete" y volvía a sentirse excitada.

En su casa, dentro del baño de agua templada, aún se estremecía recordando. La próxima vez no dudaría en llamar a Alvaro para que fuera a recogerla, el trayecto en autobús la había dejado agotada, era demasiado largo.

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