Margot tomó el camino hacía su vehículo. Una mañana más como otras muchas de reuniones imprevistas, temas pendientes, un par de discrepancias con su compañero de despacho...... Deseaba llegar a casa y relajarse. Se despojó de la chaqueta de su elegante traje pantalón y la dejó caer en el asiento trasero, desabrochándose mecánicamente dos botones más de su blusa. La mañana había sido excesivamente calurosa y la tarde se presentaba con una pequeña tormenta de verano; las primeras gotas de lluvia empezaron a mojar el cristal. Ya en casa, lanzó la correspondencia sobre la mesa de la entrada y con los zapatos en la mano recorrió el pasillo hasta su dormitorio. Se desprendió del pantalón, camisa y sujetador y descolgó el auricular. Llamaría a Alvaro, le apetecía más que nada pasar el resto del día con él. Desde hacía un año, su relación, casi clandestina, le había aportado más felicidad que ninguna otra. Al otro lado del teléfono saltó el contestador y escuchó la voz tranquila y sensual . Esa voz que aún la hacía estremecer de deseo como el día en que la oyó por primera vez. Su amor se incrementaba cada día y el deseo explotaba casi cada vez que estaban juntos. Alvaro se había vuelto más cómodo en la relación, con la seguridad de que Margot siempre estaría ahí amándole.

Se dirigió al baño y dio la máxima presión al grifo ajustando la temperatura del agua. Dejó caer sus braguitas negras al suelo y se metió bajo el chorro de la ducha.

Mientras se enjabonaba recorría lentamente su cuerpo y se transportaba a tantas y tantas veces en que Alvaro la había hecho gemir, casi llorar de placer. Empezó a recorrer sus pechos bajo el agua, en círculo, pellizcándose levemente los pezones que respondían tiesos y duros a las caricias. Su mano descendió y se acarició el vello rubio que cubría levemente su sexo. Se sentía excitada. Continuó tocándose entre las piernas y notó como estaba mojado, abierto, reclamando los dedos de Alvaro, su lengua húmeda, su sexo grande y duro penetrándola. Giró el mando de la ducha y apretándolo entre sus muslos lo dirigió hacia arriba y dejó que los chorros de agua a presión le recorrieran el clítoris, llevándola poco a poco hacia el éxtasis.

Quedaba descartado el bajar a dar unas brazadas en la playa. Se puso un conjunto de sujetador y bragas blanco, se metió una falda corta azul ajustada que combinó con un top ligero y decidió pasar la tarde en el cine.

La sala estaba a medio llenar. Ocupó una de las butacas centrales y apoyó la cabeza en el respaldo, dispuesta a meterse en el argumento. No sabía que tiempo había transcurrido cuando sintió que otra persona ocupaba la butaca contigua y rozaba levemente su brazo. No hizo nada por retirarlo, se preguntaba si lo hacía a propósito o si era sólo un descuido. Pasado un leve período de tiempo sintió la caricia de una mano que recorría lentamente su muslo desde la rodilla hasta casi la ingle. Era una mano grande y fuerte, que a cada subida se introducía un poco más hacía el interior de la falda.

En lugar de levantarse, se sorprendió a sí misma resbalando un poco más en el asiento y abriendo en un movimiento imperceptible las piernas, lo que dio al desconocido la oportunidad de introducir su mano hasta la braga, donde de inmediato se detuvo. Lentamente le introdujo sus dedos por debajo de ésta y le tocó el sexo, que empezaba a latir y a ponerse húmedo, mojado, bajo esas caricias desconocidas e inesperadas. Sus dedos ya no actuaban con cautela, se introducían entre sus labios, le frotaban y pellizcaban con descaro el clítoris. Se sentía cada vez más excitada, mientras su sexo se abría cada vez más a las caricias de aquellas manos expertas.

De pronto él la tomó del brazo y la condujo a oscuras por el pasillo lateral, hacía una pequeña puerta que se abría al fondo.

Una vez dentro, la oscuridad era total. El desconocido introdujo la lengua en su boca, le mordía y le chupaba los labios, la lengua de Margot respondía ávida. Se mezclaban las salivas y sintió como con ambas manos, sin dejar de chupetear su lengua, la despojaba del top y sacaba sus pechos fuera del sujetador, masajeándolos. Casi inmediatamente empezó a besarlos, a chuparlos una y otra vez, mientras manoseaba su sexo, sus caderas, su culo. Con su mano derecha, Margot le acarició por encima del pantalón y sintió una polla dura, a punto de reventar los botones del vaquero, que comenzó a desabrocharle impaciente hasta tenerla, comenzando a acariciarla, a frotarla entre sus manos. La cabeza erguida de aquella verga era grande, majestuosa y unas gotas de líquido caliente le mojaron los dedos.

El se agachó y separando la braga hacia un lado con su boca, comenzó a lamerla. Sentía su lengua jugando dentro, lamiéndole el clítoris, chupando con fruición como si no quisiera dejar ni un solo resquicio sin explorar. Los gemidos de Margot empezaban a hacerse más y más audibles y su respiración se iba haciendo cada vez más rápida. Cuando pareció que se hubo saciado, la empujó por los hombros lentamente hacia abajo y pasándole la polla por los pechos se la colocó a la altura de la boca. Margot no dudó ni un momento en lamer aquella polla dura y firme que se le ofrecía, en chuparla con glotonería, en recorrerla una y otra vez a lametones hasta rozar sus testículos y subir de nuevo para beber en la oscuridad aquellas gotitas de líquido brillante.

El desconocido incorporándola, la volvió cara la pared y mientras su mano izquierda masajeaba y pellizcaba una y otra vez sus pechos, sus pezones, su clítoris, la derecha enarboló su polla y se la introdujo con un golpe rápido desde atrás. Margot sintió como una corriente eléctrica recorría toda su espalda. Él empezó con movimientos suaves a meterla y sacarla dentro de su coño, una y otra vez; cuando parecía que iba a retirársela, la empujaba nuevamente hasta el fondo, haciéndola casi sollozar de placer. Notaba como en cada embestida, sus testículos golpeaban repetidamente en sus nalgas y se abandonó completamente sintiendo cada vez más cerca el orgasmo que la liberaría de aquel placer casi insoportable. Su espalda estaba completamente mojada por el sudor de aquel pecho fuerte que la aprisionaba contra el muro.

Con un ligero movimiento la inclinó hacia el suelo y poniéndola de rodillas y con las manos apoyadas en el piso de madera, siguió embistiéndola desde atrás, esta vez con movimientos rápidos y profundos, entrando y saliendo frenéticamente en su coño, hasta que Margot sintió sin poder hacer nada por evitarlo, como sus gemidos traspasaban las paredes de aquel pequeño habitáculo y todo su cuerpo se estremeció en un orgasmo infinito, interminable, único. El sudor corría por su pelo, por su cara, entre los pechos y los muslos.

La giró lentamente y le introdujo la polla chorreante en la boca, dándosela a chupar hasta que ella la sintió estallar en su garganta y un río de semen caliente le desbordó los labios, le recorrió los pechos y chorreó hasta su sexo.

Jadeantes, se incorporaron limpiándose y vistiéndose torpemente, para salir hacia la sala. Inexplicablemente nadie parecía haber oído ni uno sólo de los gemidos que por fuerza debían haberla atravesado hasta la pantalla.

De la mano, la condujo de vuelta hasta el asiento y con un leve roce de sus labios en el cuello, se alejó en la oscuridad hasta alcanzar la salida.

Antes de que las luces iluminaran el patio de butacas Margot salió con paso rápido hacia el aire fresco de la noche.

En el contestador Alvaro le había dejado el mensaje de que intentaría verla al día siguiente. Margot pensó que le propondría ir al cine, hacía tiempo que deseaba ver una película.

laxtana.com