Este apartado de la página de SERPROF intenta ser un pequeño manual ( al igual que la seccion de redacción ) sobre la corrección del lenguaje, sus secciones son:

Generalidades sintácticas
Forma lógica y sencilla de decir las cosas
La sencillez y la brevedad
La sinceridad
La precisión
La originalidad
La brevedad
Hablar y escribir
Cómo escribir bien
Precisión con el lenguaje
Frases desordenadas
Ejercicios de precisión ortográfica y sintáctica
Solución a los ejercicios de precisión ortográfica y sintáctica


 

Generalidades sintácticas

     Escribir correctamente las palabras es un don natural que puede ser orientado y perfeccionado, pero casi inaccesible para quien no lo posea. De aquí que personas eminentemente cultas, ante cuya vista han desfilado volúmenes y más volúmenes de cualquier rama de la ciencia de un saber, acentúen incorrectamente, puntúen peor y se las vean y deseen para distinguir el exacto matiz que una determinada palabra desempeña en la oración gramatical.

     La Caligrafía y la Ortografía están consideradas como obra del instinto que se anticipa al estudio de las reglas, al igual que el buen oído en la música y la adaptación con la pintura.

     En nuestro libro "Dificultades y particularidades de la lengua española", cuya 2ª edición está a punto de ver la luz del día, asegurába-mos que ni la propia "Docta Corporación de la Lengua" podía sentar cátedra en cuestiones de corrección del lenguaje y asegurábamos que éste es tan amplio como el pensamiento que le da vida: rico y noble en los vocablos. Ahora gentil, más tarde plebeyo. Cualquier cosa puede ser dicha de mil variadas formas, y todas correctas. Lo que yo vea blanco usted puede verlo negro. No es una ciencia exacta. En Matemática aseguramos que dos más dos son cuatro... ¡Y para usted de contar! El lenguaje no es ciencia exacta ni patrimonio de nadie en particular. Surgió de todos y para todos. Por eso puede ser considerado como inseguro, variable, inexacto y engendrador de gresca. Mi lenguaje es mío. Su lenguaje es suyo. A pesar de ser idioma y como tal, privilegio de nación o de comarca. No podemos bajar sumisamente la cabeza ante las divagaciones que se hacen con algo que me pertenece. Debo decir no a lo improcedente y sí a lo contrario. El acatamiento impensado; equivale al "sí mi amo; tú mandas". Encumbra a uno y hace plebeyo al otro.

     Tengamos nuestra propia personalidad. Esto es estilo. La particular visión de las cosas y su valiente manifestación acerca de ellas. ¡Que jamás una cuestión de "forma" merme, con la punzante duda, el espíritu creativo. Insistimos: la gramática, los diccionarios, las reglas ortográficas, deben respetarse sin incurrir en adoración.

     Esperamos que el lector no nos considere protagonistas de lecciones nocivas. Las consideraciones que hacemos son impropias en quienes se ganan, como nosotros, la vida corrigiendo la ortografía, la sintaxis y aconsejando que pongamos sobre los puntos de nuestra pluma o en las teclas de nuestro ordenador un lenguaje limpio y terso, sin dejar de ser modernos, y al patentizar nuestra marca de buenos pensadores, demostremos el caudal de pericia en el vocabulario y la sintaxis, que equivale a ostentar la mejor pericia en la profesión del uso del idioma.

     Los tratados del lenguaje no nos van a dar en cápsulas mentales una manera de opinar en píldoras. Escribir bien es un arte y una ciencia llevada por el temperamento y una vocación muy personal, en la opinión del gran literato español Martín Alonso. Azorín se detiene al ver al escritor cambiar o repetir unos vocablos, como un herrero dolido en el yunque de sus últimas amarguras. "Cuando escribas -nos dice-, sé tu mismo siempre, sin ruido; que tu voz no llegue más allá de tu lámpara. intenta hacer literatura sin artificio. El corazón tiene sus desechos y sus caprichos... El escritor mira siempre al norte de su estrella; lleva un sol interior, que es la vocación, como la llamamos la mayor parte de los mortales, o el duende, como lo invocaba García Lorca".

     A pesar de nuestro empeño en resaltar que una cuestión de forma expresiva jamás puede dañar o mermar el fondo que le da vida, lectores habrá que se empeñarán en leer lo que ellos desean: que nuestra lección es perjudicial e improcedente cuando en realidad envidiamos quien aúna forma y fondo al escribir. De aquí proviene la difícil correc-ción a la que todo escritor debe aspirar. El estudio de la Gramática es imprescindible para conseguir nuestro propósito, pues, no sólo enseña a escribir con propiedad sino que ayuda a descubrir la razón científica de sus expresiones.


Forma lógica y sencilla de decir las cosas

     Razonar "con lógica" y "sencillez" conlleva un pensar detenido acerca de lo que nos ocupe, para desechar lo inaceptable y expresarnos con un lenguaje natural, comprensible y breve que capte la atención de nuestro lector o interlocutor. Surge así, una de las virtudes más difíciles de la redacción: La sencillez.

     No falta quien confunde la sencillez y naturalidad con lo "ordinario", lo "vulgar" y lo "exento de personalidad". Los que tal piensan se equivocan. Se puede ser sencillo, natural y ser arrogante; y también se puede ser ignorante y mal educado. Y no falta quien no pudiendo ser lo primero, y aproximándose a lo segundo, el término medio lo marca expresándose con acritudes, desplantes y mirando al prójimo "por encima del hombro".

     Con la mayor brevedad vamos a dar absoluta y total prioridad a la sencillez y naturalidad con que hemos de decir las cosas, conscientes de que debemos resaltar, vicios, virtudes, defectos, curiosidades y particularidades de nuestro noble hablar castellano para que, en su conjunto, nos aconsejen qué debemos evitar y aceptar en el intercambio de ideas habladas y escritas.

     Y vamos a verificar un gran esfuerzo para predicar con el ejemplo en las siguientes páginas.


La sencillez y la brevedad

     Es sencillo y natural quien emplea un lenguaje afable, comedido y, en definitiva, cortés. Respeta a su semejante y cuando le escribe o habla, lo difícil lo convierte en sencillo porque con palabras claras y precisas, que para nada precisan la ayuda del diccionario, penetra en el corazón del lector.

     "El estudio es claro -nos dice Azorín- si lleva al instante al oyente a las cosas, sin detenerle en las palabras. Retengamos la máxima fundamental: derechamente a las cosas. Si el estilo explica fielmente y con propiedad lo que siente, es bueno."


La sinceridad

     Existe un tremendo miedo a ser sinceros porque se exteriorizan interioridades e incluso podemos herir las sensibles fibras de nuestro interlocutor al decirle verdades como templos. Aún más. Quien emplee esta inhabitual expresión antes pondrá de manifiesto insuficiencia mental que haber recibido el don divino de mostrarse a los demás en plena desnudez. Pero, con todo, el tiempo se encargará de hacer justicia, cambiando la locura por extremada cordura. Antes o después, el redactor sincero apartará de sí las hinchazones y los artificios, tan de moda en nuestros días; poseerá un estilo propio, personal e intransferible y será querido y respetado.

     Palacio Valdés escribió: "Si tenemos la voz aguda, no queramos ser bajos, y si grave, no aspiremos a ser triples".


La precisión

     Volvemos a recordar a Gracián: "Son las voces lo que las hojas en el árbol, y los conceptos, el fruto".

     Para ser concisos y rigurosamente exactos hemos de unir al dicho el hecho; al pensamiento, la palabra. Se impone un concienzudo meditar sobre lo que deseamos y después expresarlo con las palabras apropiadas.


La originalidad

     De Fulanito o Menganito decimos que son originales porque no sólo poseen un estilo propio sino porque su visión del asunto es única. Es decir: dicen algo nuevo y lo expresan como nadie. Una de las primordiales características es que establecen escuela y los imitadores surgen por doquier.

     Ser original es la máxima aspiración del artista. Ello le aparta de la colectividad y le proporciona la ansiada fama. Que nuestra inequívoca distinción -originalidad-, como transmisores de la cultura, radique en el hallazgo impensado. Cédase éste sin ventajas particulares, éxitos personales, intereses ni orgullo. En caso contrario, nuestro sello no será personal ni intransferible al prota-gonizar la ambición que, por dañosa debe eliminarse cuando no se propone el servicio mejor.


La brevedad

     Volvemos a Gracián: "Hase de hablar como en testamento; que a menos palabras, menos pleitos" y "lo bueno, si breve, dos veces bueno."

     Pero, ¿cómo ser breves? Para ello, es imprescin-dible poseer un exacto conocimiento del valor de las palabras. Nos explicamos: Si dirigimos la palabra a un alumnado "revoltoso" será inútil que digamos: "Por favor tengan la amabilidad de no hablar". Existe una palabra que, usada como exclamación, dice mucho al caso: ¡Silencio, por favor! Este ruego imperativo es más eficaz que el primero. Y mucho más si eliminamos la cortesía y la palabra es acompañada con un golpe en la mesa: ¡Silencio! En la escritura, los subrayados son golpes de atención. Por eso recomendamos no abusar de ellos o el lector terminará ensordecido o no haciendo caso a ninguno. Úsense cuando el caso lo requiera.


Hablar y escribir

     Ni se habla como se escribe ni se escribe como se habla. Hablar es improvisar y escribir es pensar en lo improvisado. Ignoramos qué clase de don divino habrán recibido quienes aseguran que escriben como hablan. Azorín con envidiable sinceridad asegura: "Se debe escribir como se habla; pero ¿quién escribe como habla? ¿Y cómo podríamos escribir como hablamos? No puede escribirse como conversamos; no lo permiten las repeticiones, las anfibologías, los prosaísmos, las redundancias, los mil vicios, en fin, que malean el idioma."

     Debemos deducir que se debe hablar como hablamos y escribir como escribimos. Hablar como escribimos tampoco es posible.

     Consideramos que, en honor a la sencillez y como partida, debe escribirse como se habla. Esto no importa para que se lea y relea nuestro pensamiento para tachar y añadir lo que consideremos conveniente.

     De Eugenio D'Ors se cuenta que, cuando termi-naba de dictar a su secretaria, le decía irónicamente:

     - "Vamos a leer esto a ver si ha salido lo suficien-temente confuso."


Cómo escribir bien

     Desafortunadamente no existen unas recetas lógicas que indiquen con claridad: "Debe hacerse esto y todos contentos". Escribir es un arte y su ejecución depende de cómo cada cual lo conciba, geste y para. Parto literario -dicen muchos-. Y al igual que a la mujer no puede indicársele cómo parir celebridades, es totalmente imposible convertir en consumados artistas a quienes profesan la vocación literaria.

     Normas o reglas para un mejor escribir :

1ª. Medite detenidamente sobre lo que va a escribir, ordenando las ideas secundarias en torno a la principal.
2ª. Procure que una frase siga a la otra. Los pensa-mientos consti-tuirán una cadena ininterrumpida.
3ª. Lea y relea cuanto escribe.
4ª. No abuse de las expresiones "a fin de que, por lo tanto, esto es", etc.
5ª. Huya de las palabras "finolis" y de las no fáciles al entendimien-to.
6ª. Mucha atención a la repetición de sonidos iguales.
7ª. Nuestro idioma es rico en vocablos. Deseche los extranjeros.
8ª. Procure que nadie recurra al diccionario para entender lo que dice.
9ª. "A menos de ser un genio, lo mejor es procu-rar hacerse inteligible". (ANTHONY HOPE).
10ª. Provéase de buenos diccionarios. Seguro que los necesitará.
11ª. Evite la acumulación innecesaria de adjeti-vos.
12ª. Mucha atención con los barbarismos, vulga-rismo y solecismos.
13ª. Evite las divagaciones. Cansan al lector.
14ª. No debemos olvidar que para escribir deprisa es menester pensar despacio.
15ª. Interrumpa inmediatamente la escritura cuando se sienta cansado. En caso contrario, trabajará inútilmente.
16ª. Recuerde que las reiteraciones, redundan-cias, consonancias, etc. quitan vida a la expresión.


Precisión con el lenguaje

     La precisión es sinónimo de puntualidad, fijeza, exactitud, certeza y determinación (según la R.A.E.). Y en materia de lenguaje, concisión y exactitud rigurosa.

     Si queremos que se nos escuche o se nos lea seamos precisos. Vayamos al grano, eliminando la paja. Convirtamos la "lechuga" en "cogollo". No cansemos, no forcemos. Naturalidad, sencillez... Tanta, que no nos importe pecar de "pueriles". Es una forma de llamar la atención con sencillez.

     Para ser precisos es imprescindible que nos detengamos en la construcción sintáctica. Construcción que debemos advertir en castellAno, o español, no está en la opinión de Gonzalo Martín Vivaldi, sometida a reglas fijas, sino que goza de libertad, de holgura. Libertad que no quiere decir libertinaje, ni la holgura indica una desconexión arbitraria entre los elementos de la frase. Queremos decir que, en realidad, al escribir, manda el interés psicológico. Nadie escribe pensando en las reglas sintácticas, como nadie, al pensar, tiene en cuenta las reglas de los silogismos.

     "El escritor -dice Martín Alonso-, que produce sus ideas de un modo íntimo y vital y redacta por instinto o por reflexión, fabrica las frases a tenor de sus fenómenos mentales, cambiando, a veces, la distribución directa de los vocablos, para dar más valor expresivo o ritmo a determinadas formas de lenguaje."

     ¿Quiere decir cuanto antecede que debemos es-cribir "a la pata la llana" como dijera Azorín? Sí. Pero, ¡ojo!: releyendo y volviendo a releer lo releído en honor a la corrección.

     Según los Gramática, el pensamiento debe ordenarse así:

1º, el sujeto José Neira
2º, verbo propinó
3º, complemento directo una patada
4º, complemento indirecto a una vaquilla
5º, complemento circunstancial no hace mucho tiempo, en Cebolleira.


     ¿Quiere esto decir que el orden lógico preceptivo de- la construcción de la frase es el figurado? No, aunque sí se recomienda que el verbo vaya en primer lugar:

     "José Neira propinó una patada a una vaquilla..."

     Pero siendo, como es, cuestión sicológica la construc-ción de la frase, no podemos calificar de inco-rrecto el orden de los siguientes pensamientos:

- Propinó una patada José Neira a una vaquilla.
- Propinó José Neira una patada a una vaquilla.
- Una patada propinó José Neira a una vaquilla.

     Lo que no es correcto en castellano es la colocación del verbo al final de la frase:

- Una patada a una vaquilla José Neira propinó.

     Admisible, sólo, claro está, si deseamos manifestar desaliño, descuido o desprecio al lenguaje.


Frases desordenadas

     Para conseguir la debida cohesión en un párrafo o período, debe procurarse ligar la idea inicial de una frase a la idea final de la frase precedente o a la idea general de dicho párrafo

     Ejemplo:

     El edificio incendiado era un chalé de lujo. El fuerte viento reinante avivaba las llamas y les daba una espantosa intensidad.

     ¿Cuál de las dos frases siguientes liga mejor con la expuesta?:

a) ... El salvamento de los habitantes del chalé tuvo que hacerse en medio de este brasero ardiente.
b) ... En medio de este brasero ardiente, tuvo que hacerse el salvamento de los habitantes del chalé.

     Sin duda alguna, la segunda frase "en medio de este brasero ardiente", liga mejor, más lógicamente, con la "espantosa intensidad de las llamas".