| Pequeña Reseña
del Asado Argentino.
El dominguero y el asado.
Durante años, el asado familiar
se celebró los sábados al mediodía. La pasión
por esta comida hizo que muchos suplantaran las habituales salidas de los
sábados por la noche por un churrasco a las brasas con amigos en
el mismo horario ( la variante ideal para quienes aman cenar en una parrilla
y luego ir a bailar, por ejemplo ). El asado acabó al fin por invadir
el domingo tal como los bárbaros invadieron Roma: lentamente, sin
que nadie notara que los mismísimos ravioles estaban siendo desplazados.
Así nació el "asador dominguero". La pasión asaderil
del dominguero argentino se refleja inclusive en la arquitectura nacional.
Rara es la vivienda que, disponiendo del espacio suficiente, carezca de
una parrilla coronando el jardín, la terraza o el patio. El asado
ha impregnado las costumbres gastronómicas del ciudadano argentino
moderno más allá de su origen étnico. Tanto los Pérez,
como los Mi- glioni, von Krauten, MacNamara, Jerusalemovich y Pourcell,
si son argentinos de nacimiento, son cultores de estas reuniones gastronómicas
propensas a que la gente comparta opiniones o disienta a los gritos, y
reitere los mismos cuentos una y otra vez, todo ello fomentado por el vino
que no cesa de chorrear.
En
cualquier caso, todas las diferencias cesan cuando se trata de alabar aquel
chorizo o este vacio. Definimos entonces como "asador dominguero" a aquel
personaje urbano que realiza asados en su casa o quinta, independientemente
del día de la semana en el que lo realice pero cuyo denominador
común está dado por las siguientes condiciones: Nunca asa
solamente para su grupo familiar, si- no que comparte su pasión
con un grupo numeroso de amigos y parientes que son siempre bienvenidos.
Y Jamás deja que nadie interfiera en su labor, pero moviliza previamente
a toda la familia para la "preproducción" del evento, es decir,
la compra de los insumos y la preparación de todos los elementos
secundarios. Jamás notará detalles tales como que los amigos
llegan sobre el final de la cocción y se retiran a la hora de lavar
los platos. Después de todo, son visitas, y ya se encargará
él de vengarse cuando la relación sea inversa. El malhumor
está reservado para su mujer, que se quejará inútilmente.
A diferencia de su paralelo telúrico, el gaucho, el asador dominguero
completa el asado con ver mouth y picada, ensaladas de todo tipo y postres
helados o frutas, que terminan por reducir a los comensales al estado de
siesta inminente.
Y
El asador dominguero (siempre del sexo masculino) suele sentir un poco
de sangre paisana correr por sus venas, desde que se inicia el fuego hasta
que se apagan las brasas. El apego por la tierra efervesce y, por un rato,
el asador se identifica con los personajes de Ricardo Güiraldes y
José Hernández. Duran te este fenómeno se transforma
en un médium que vibra con el espíritu criollo que puebla
nuestro bendito país, ¡caracho! Está a la vanguardia
en herramientas para asar, delantales con inscripciones foráneas
y radiograbadores estéreo cuyos estruendos siempre acompañan
la cocción, y alertan a los vecinos que todavía no advirtieron
la gruesa columna de humo que se ele- va de la parrilla, producto de litros
de gasoil o panes de trotyl y sillas viejas.
El asador dominguero
goza invariablemente de los servicios de una compañera que entretiene
a los invitados y se ocupa de las actividades anexas (de factotum, el asador,
nada), ya que nadie considera un gesto de grosería que el asador
se desentienda de las obligaciones sociales y se concentre en la parrilla.
Poco más tarde se le reconocerá su dedicación la del
asador, claro con un caluroso aplauso invocado por el personaje más
afecto al vino. El asador dominguero es, en síntesis, el cultor
más fanático y ritualista de los placeres de la carne. Vaya
a él dedicado, entonces, este Texto.
El Arsenal El
vaso de vino, herramienta primordial Sea usted gaucho o asador dominguero,
profesional o amateur, hay algo que bajo ningún concepto y en ningún
caso debe faltarle: el vaso de vino. Este fiel compañero y no estoy
hablando de su perro tierniza las carnes (las propias), aclara la sonrisa,
relaja los nervios y mejora el humor.
Toda
esta buena onda será transferida al asado, que (esto es un dato
estadístico) resultará inevitablemente mejor si hay un vaso
de buen vino de por medio. El asador debe beber su vino a sorbos lentos
para matizar las esperas a las que nos somete la carne. Según dicen
los entendidos, el lugar más propicio pa- ra apoyarlo entre trago
y trago es a un costado de la parrilla, sobre la mesada si la hay, a una
distancia de unos 30 cm de la chimenea. De este modo el vino se templa
sin recalentarse. La botella en uso suele estar a mano y siempre h ay una
segunda botella abierta en lista de espera, oreándose para perder
el exceso de vapores de alcohol y pulir su bouquet perfecto. La ración
del precioso liquido varía de asador en asador; los más sensatos
aplican con el vino el mismo principio que con la parrilla: toda falta
se nota, todo exceso también ga terminología criolla para
este principio es "ni muy muy, ni tan tan").
Entre
los derechos adquiridos del asador, está el permitir a ciertos amigos
selectos acercarse al fuego a charlar y compartir un poco de la uva sagrada
mientras se doran los alimentos. Sin embargo, que- da a buen criterio de
los invitados saber cuándo hablar, cuándo beber y cuándo
callar para no interferir en la labor del Jefe de Familia. Esta conducta,
aunque castradora y autolimitante, redundará en bene- ficio de todos.
Por último, queda a cargo del asador proponer un brindis cuando
lo crea necesario. Los usos y costumbres dictaminan que debe ofrecerse,
por lo general, segundos antes de hincar el diente en la primera achura.
Algunas propuestas clásicas de brindis son:
1- ¡Salud! (asadores tradicionales,
fórmula también expresada como "salú" y "chin-chin")
2- ¡Salús y pesetas! (asadores
hispano-america- nos)
3- ¡Cheers! (asadores paquetes, cajetillas
o cos- mopolitas)
4- ¡Salute! (asadores vehementes)
5- ¡Prost! (asadores disciplinados)
A continuación, un catálogo de
brindis que permiten efectuar un dosaje de la ración de vino ingerida
por el asador:
1- ¡Arriba, abajo, al centro y adentro!
(un vaso de más)
2- ¡Salud y pesetas y abajo las braguetas!
(dos vasos de más)
3- ¡El que no chupa es un holandés!
(tres vasos de más)
4- ¡Mushashosh, no shaben cuánto
losh quiero! (cuatro vasos de más)
5- ¡Fondo blanco! (un pingüino
de más)
6- Viva la Santa Federación, ¡canejo!
(una da- majuana de más o una damajuana de menos, según se
vea)
La parrilla
Estas dos palabras bien podrian servir de título de esta "Pagina".
Es que la parrilla, grilla, reja o rejilla es (después del vaso
de vino) el elemento más impor- tante en la parafernalia de un asador,
y uno de los requisitos fundamentales de un buen asado. Existen muchas
variedades de parrillas, todas ellas poseen un único denominador
común: la rejilla metálica de hierro (afortunadamente el
teflón no ha invadido nuestro folclore, todavía).
Por
lo demás, cada tipo de parrilla tiene sus ven- tajas y sus desventajas,
sus fanáticos y sus detractores, obvia consecuencia de las emociones
que nacen de la relación íntima entre parrilla y parrillero.
Lo ideal es conocerlas todas, para poder desenvolverse con éxito
ante cualquier afrenta.
La largada y la pole position
El orden de llegada de los alimentos a la parrilla es fundamental para
llegar a un asado exitoso. Cada alimento tiene su propio tiempo de cocción
y el plato de los comensales no debe quedar nunca vacío, con excepción
de unos pocos instantes entre una porción y otra, por lo que este
tema constituye una verdadera ciencia en la que la matemática estadística
juega un rol fundamental. Después de
consultas a parrilleros profesionales y cálculos
efec- tuados por conocidos actuarios, se ha establecido un orden óptimo
de llegada al fuego, que se presen- ta a continuación.
El
ordenamiento comienza cuando la brasa está lista. Bautizamos el
instante en que el primer alimento toca la parrilla caliente, "Minuto 0".
Minuto 60: se enciende el fuego de leña
dura.
Minuto 30: se enciende el fuego de carbón.
Minuto 0: se apoyan los chorizos, los sesos,
los rinones y las mollejas. Si desea asar verduras, hágalo ahora
o nunca.
Minuto 15: se apoyan los chinchulines,
la tripa gorda y el pollo.
Minuto 30: se apoyan las salchichas, el
asado de costilla, las morcillas, la provoleta. Minuto 45: se apoya el
ojo de bife, el lomo, la colita de cuadril, el vacío, los bifes
de chorizo, si los hay. En este momento se comienza a servir el asado que,
se irá haciendo solo, según el orden clásico que se
describe a continuación, y que es también el orden en que
deberá ser servido:
Un aplauso para el asador!
Como nota fundamental, se agrega que las carnes
y aves deben llegar a la parrilla a temperatura ambiente y nunca frías
o semicongeladas, ya que esto provoca que el interior quede crudo o frío.
Fuente extraida del libro "Manual del asador
argentino" de editorial PLANETA |
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